| Evaluación de indicadores de resultados intermedios | Evaluación de indicadores de resultados inmediatos | Presupuesto Aprobado 24-25 US$ M | % Fondos disponibles vs. PB | % Fondos de implementación disponibles |
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|---|---|---|---|---|---|
| 23. Preparación para las emergencias de salud y reducción de los riesgos | 39.4 | 61% | 99% | ||
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| 24. Prevención y control de epidemias y pandemias | 38.4 | 81% | 99% | ||
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| 25. Detección y respuesta a las emergencias de salud | 29.0 | 55% | 97% | ||
| 29.0 | 55% | 97% | |||
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Seguridad regional fortalecida mediante la integración de la preparación y respuesta frente a emergencias
En el bienio 2024-2025, los países de la Región de las Américas fortalecieron la preparación y respuesta frente a emergencias como funciones esenciales de salud pública, lo que mejoró su capacidad para anticipar y gestionar las emergencias de salud y responder frente a ellas. La OPS brindó apoyo en la institucionalización de sistemas integrados que vinculan la planificación de la preparación, la vigilancia, la inteligencia epidémica, la evaluación de riesgos y las operaciones de respuesta, lo que permitió a los países ir más allá de la adopción de medidas de emergencia ad hoc para desarrollar capacidades de seguridad sanitaria sistemáticas e integradas.
Se impulsó la capacidad de preparación mediante el fortalecimiento de los sistemas de laboratorio, de vigilancia y de vigilancia genómica, incluida la descentralización de la capacidad diagnóstica para llevarla a nivel subnacional y a zonas fronterizas. Los países promovieron enfoques integrados que combinan la vigilancia basada en indicadores, la vigilancia basada en eventos y la inteligencia epidémica, con el respaldo de la evaluación de riesgos y la planificación de la preparación. En el marco de un enfoque que reconoce la interconexión de la salud humana, animal y ambiental, la vigilancia epizoótica integrada mejoró la alerta temprana ante amenazas zoonóticas y sirvió de base para adoptar medidas de preparación anticipadas. En Bolivia, Colombia y Ecuador, el fortalecimiento de la vigilancia epizoótica permitió detectar más temprano la circulación del virus de la fiebre amarilla, lo que facilitó la adopción de medidas preventivas que redujeron el riesgo de transmisión urbana.
En consonancia con el plan de acción regional sobre la inteligencia epidémica, se siguió fortaleciendo la preparación mediante el intercambio estandarizado de información entre laboratorios y los centros nacionales de enlace del Reglamento Sanitario Internacional (RSI), lo que mejoró los plazos entre la detección y la notificación, así como la disposición operativa para activar los mecanismos de respuesta. Varios países comenzaron a aplicar métricas estructuradas sobre cumplimiento oportuno de plazos en la detección, la notificación y la respuesta, lo que ha fortalecido el seguimiento de la preparación, la rendición de cuentas operativa y la gestión del desempeño conforme a lo establecido en los marcos de seguridad sanitaria.
Las inversiones en la preparación se tradujeron en una respuesta más sólida que pudo medirse durante emergencias graves en toda la Región. En Jamaica, las inversiones en preparación se pusieron a prueba durante el huracán Melissa: el fortalecimiento de las operaciones durante las emergencias de salud, la capacitación del personal y la resiliencia de los centros de salud permitieron una movilización más rápida, una mejor coordinación y la continuidad de los servicios de salud esenciales a pesar de los daños generalizados. En Haití, la OPS brindó apoyo en la respuesta sostenida de emergencia frente al cólera y a condiciones humanitarias complejas, lo cual fortaleció la vigilancia, la coordinación de la respuesta y la continuidad de las operaciones de salud pública en medio de una crisis prolongada. En Venezuela, se mantuvo la capacidad de respuesta en casos de emergencia gracias a mecanismos coordinados e interorganizacionales que permitieron continuar con la implementación de intervenciones prioritarias de emergencia a pesar de las prolongadas limitaciones operativas.
Dada la integración de las capacidades de preparación y respuesta en los sistemas de salud, durante el bienio se produjo un giro hacia una capacidad de seguridad sanitaria más resiliente, resolutiva y sostenible en toda la Región de las Américas.
La Oficina trabajó con las autoridades nacionales y otras partes interesadas para fortalecer la preparación nacional y regional, la reducción de riesgos y la capacidad de respuesta. De esta forma contribuyó a la obtención de logros como los siguientes:
Los 35 Estados Partes completaron el informe anual de autoevaluación de conformidad con el RSI por tercer año consecutivo, y ocho países (Brasil, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Paraguay y Uruguay) aplicaron parámetros de medición de la puntualidad de la alerta temprana (meta 7-1-7). Brasil y Honduras (con el apoyo del Fondo contra Pandemias) concluyeron sus primeras evaluaciones externas voluntarias de las capacidades básicas requeridas por el RSI (2005).
Se reforzó la protección de los países del Caribe frente a las amenazas transfronterizas para la salud con el fortalecimiento de la capacidad de detección temprana y respuesta en los puntos de entrada mediante evaluaciones estandarizadas de aeropuertos y puertos, y la creación de capacidad focalizada, incluida la inspección regional de buques y la certificación sanitaria.
Los países lograron avances críticos en la preparación para emergencias de salud. Por ejemplo, en Chile, un examen de la estructura institucional llevó a la creación de una nueva división encargada de fortalecer la capacidad de preparación y respuesta, que ofrece un modelo para los países que emprendan reformas similares. Perú fortaleció la capacidad nacional de preparación y respuesta mediante análisis actualizados de la situación sanitaria, coordinación intersectorial y creación de capacidad para hacer frente a brotes y emergencias químicas, a fin de mejorar la disposición operativa y la continuidad de la atención en contextos complejos de emergencias y crisis humanitarias.
La iniciativa de hospitales inteligentes ayudó a que los servicios de salud esenciales siguieran funcionando durante el huracán Melissa, ya que las obras de reacondicionamiento realizadas en Jamaica permitieron que tres establecimientos pudieran seguir funcionando o reanudar los servicios con rapidez durante un huracán de categoría 5 y seguir proporcionando atención esencial para poblaciones de hasta 20 000 personas a pesar de otras fallas generalizadas de la infraestructura. En los últimos cinco años se reacondicionaron 12 establecimientos de Jamaica por medio de esta iniciativa, cuatro de los cuales fueron modernizados de acuerdo con los criterios de referencia.
La Región avanzó en la clasificación de los equipos médicos de emergencia nacionales, y 19 países ahora aplican los estándares para estos equipos. Los equipos médicos de emergencia de cuatro países (Colombia, Costa Rica, Panamá y República Dominicana) alcanzaron o renovaron la calificación de tipo 1, mientras que los hospitales móviles de Ecuador renovaron la calificación de tipo 2, y México avanzó hacia la calificación de tipo 2 al fortalecer su preparación para emergencias de salud a gran escala.
A pesar de estos resultados, los siguientes desafíos limitaron la profundidad y la sostenibilidad:
La capacidad de preparación siguió siendo desigual entre los países y en los niveles subnacionales, lo cual refleja disparidades en la madurez institucional, la disponibilidad de personal y el financiamiento, y subraya la importancia de reorientar la labor para mantener la capacidad básica de preparación, especialmente en contextos de mayor riesgo y vulnerabilidad.
Las debilidades de los sistemas de información y de la planificación logística redujeron la fiabilidad de las evaluaciones de la disposición operativa y retrasaron la ejecución de los planes de preparación.
La cooperación técnica de la Oficina fortaleció la capacidad de prevención y control y contribuyó a los siguientes logros:
Veinticinco países reforzaron sus sistemas de vigilancia de agentes patógenos prioritarios y emergentes. La Oficina promovió medidas para ampliar el diagnóstico molecular, la secuenciación y el seguimiento de la mortalidad, así como para posibilitar la detección más temprana y mejorar la inteligencia epidémica sobre el dengue, la fiebre amarilla, la gripe, el virus respiratorio sincitial, la enfermedad por el virus del Oropouche y el chikunguña. Como ejemplo de progreso a nivel de país, México fortaleció la capacidad de vigilancia genómica y consolidó una plataforma integrada para la detección temprana y la respuesta ante amenazas para la salud pública, lo cual aumentó la seguridad en materia de salud y la resiliencia del sistema.
Doce países actualizaron los planes de preparación en consonancia con un enfoque que reconoce la interconexión entre la salud humana, animal y ambiental. Se reforzó notablemente la vigilancia de la fiebre amarilla mediante el establecimiento y la ampliación de sistemas de vigilancia epizoótica, en particular en el Estado Plurinacional de Bolivia, Colombia y Ecuador.
Costa Rica, Guatemala, Honduras y República Dominicana actualizaron las estrategias de comunicación de riesgos y participación de la comunidad para mejorar la preparación, y cinco países (Belice, Colombia, Costa Rica, Panamá y Suriname) reforzaron la coordinación de estas estrategias, lo cual condujo a mejores puntuaciones en la autoevaluación para la presentación anual de informes de los Estados Partes (SPAR, por su sigla en inglés) en el 2024. Se reforzó la capacidad de manejo clínico y prevención de infecciones mediante la capacitación a gran escala y orientación elaborada a nivel regional, como las primeras directrices regionales para el manejo clínico del virus respiratorio sincitial.
Algunos desafíos persistentes relacionados con la prevención y el control de epidemias y pandemias son los siguientes:
La notificación oportuna y completa de todos los agentes patógenos prioritarios sigue siendo desigual, con retrasos, datos epidemiológicos y de laboratorio incompletos, y una integración limitada de los componentes de la vigilancia que restringe la toma de conciencia sobre la situación en tiempo real.
La colaboración multisectorial y la capacidad subnacional siguen siendo frágiles. Esto limita la plena integración de las funciones de prevención, detección y respuesta, especialmente a nivel fronterizo y descentralizado.
La coordinación operacional y la cooperación técnica de la Oficina reforzaron la capacidad de los países para hacer frente a emergencias y contribuyeron a logros en la detección y respuesta, así como en la continuidad del servicio, tales como los siguientes:
Durante el bienio, la Oficina respondió a 24 emergencias de salud agudas y prolongadas con el despliegue rápido de expertos, la activación de sistemas de gestión de incidentes y la entrega de 141 envíos que sumaron más de 36 toneladas de insumos esenciales a 34 países y territorios, a fin de ayudar a los países a proporcionar un conjunto esencial de servicios de salud que salvan vidas en todas las emergencias clasificadas.
El apoyo durante emergencias prolongadas protegió la continuidad del servicio para las poblaciones afectadas, incluido el acceso a servicios de salud esenciales para más de 140 000 personas en la República Bolivariana de Venezuela y más de 800 000 consultas sobre salud en Cuba mediante la acción anticipatoria, el preposicionamiento y la asistencia de salud coordinada en crisis humanitarias. El principal hospital público de referencia de Haití en Puerto Príncipe siguió proporcionando atención obstétrica y de urgencia a pesar de la grave situación de inseguridad. Ofreció servicios de urgencia gratuitos a más de 41 000 pacientes, entre ellos personas desplazadas internamente y otros grupos en situación de vulnerabilidad, y realizó cesáreas que salvaron la vida a más de 2900 mujeres.
Durante el bienio, el sistema de vigilancia de la OPS analizó 4,4 millones de señales de distintas fuentes. Este proceso, combinado con 167 eventos notificados oficialmente por los Centros Nacionales de Enlace para el RSI, permitió detectar 307 eventos de salud pública. La Oficina también concluyó evaluaciones de riesgo de todos los eventos agudos de salud pública en un plazo de 72 horas. Esta tarea es un reflejo decisivo de la capacidad de la Organización para detectar y evaluar eventos de salud pública de posible importancia internacional, así como del éxito de su apoyo a los Estados Partes para fortalecer la capacidad de detección y evaluación. La inteligencia epidémica se aceleró durante el bienio gracias a la estrategia de inteligencia epidémica para la alerta temprana de emergencias de salud, con importantes avances en la determinación de la capacidad institucional, las brechas y las buenas prácticas en el ámbito de la epidemiología de campo.
La Región elaboró y acordó un protocolo para acelerar el intercambio de información entre laboratorios nacionales de salud pública y los Centros Nacionales de Enlace para el RSI. La Oficina brindó apoyo a este proceso impulsado por los Estados Miembros, que posiciona a la Región como pionera mundial del intercambio integrado de información basado en la confianza para la toma de decisiones.
Las operaciones de emergencia integraron cada vez más la continuidad de los servicios de rutina, entre ellos la atención obstétrica y de urgencia, la vigilancia, los servicios de agua, saneamiento e higiene, la salud mental y el control de vectores, a fin de contribuir a la reducción indirecta de la morbilidad y mortalidad durante las crisis.
Sin embargo, varios desafíos continuaron afectando el desempeño y la sostenibilidad:
La violencia persistente y la agitación social causaron interrupciones en el acceso a servicios de salud esenciales y en las cadenas de suministro en muchos países, lo cual condujo a un aumento de los costos de operaciones y retrasó las actividades planificadas, al tiempo que incrementó la demanda de atención urgente.
Las emergencias prolongadas ejercieron una presión sostenida sobre la capacidad del personal, con riesgos de seguridad y dificultades en el reclutamiento y el despliegue que afectaron la continuidad y la escala de la asistencia técnica.
Los retrasos en la disponibilidad de financiamiento de emergencia limitaron la ejecución rápida en plazos cortos y comprimieron la planificación de las compras, lo cual puso de manifiesto la necesidad de flujos financieros más predecibles y oportunos para las operaciones de respuesta a emergencias.
* Los países y territorios que no completaron la evaluación o para los que no se alcanzó un consenso sobre los resultados de la misma no se reflejan en las calificaciones finales del indicador.