En esta página se presentan en detalle los hallazgos del examen final de los indicadores a nivel del impacto del Plan Estratégico de la Organización Panamericana de la Salud 2020 2025 (PE20-25). Los resultados a nivel del impacto miden cambios sostenibles en la salud de la población, como una mejora de la salud y el bienestar y la reducción de la morbilidad, la mortalidad y las disparidades. En el PE20-25 se establecieron 28 indicadores a nivel del impacto con 35 metas. La evaluación de los indicadores muestra las tendencias de los últimos veinte años, usando los datos más recientes estandarizados para facilitar los análisis comparativos entre los países y territorios de la Región de las Américas. Cada evaluación incluye un cuadro resumido en el que se presenta la línea de base del indicador, la meta, el estado según los datos más recientes disponibles y la clasificación. Además, se proporciona un análisis del progreso de cada indicador a nivel del impacto, junto con recomendaciones de la Oficina Sanitaria Panamericana (la Oficina u OSP) para mejorar los resultados en materia de salud.
Los indicadores a nivel del impacto se calificaron:
Alcanzado: La meta se alcanzó o se proyectaba que se alcanzaría en el 2025. Es necesario seguir trabajando para proteger los avances
En curso: Tendencia positiva, pero la velocidad no fue suficiente como para alcanzar la meta en el 2025.
Estancado: Poco o ningún movimiento; la trayectoria actual es insuficiente para alcanzar el objetivo en el 2025, incluso ampliando las proyecciones.
Fuera de curso: Tendencia en dirección contraria a la meta establecida para el 2025.
No hay datos suficientes: La evaluación del progreso hacia la meta establecida para el 2025 estuvo limitada por sistemas de datos débiles o insuficientemente maduros.
Los indicadores a nivel del impacto muestran un desempeño desigual.
Se alcanzaron algunas mejoras notables en la mortalidad neonatal, la letalidad por dengue, la mortalidad atribuible a la contaminación del aire y las brechas dentro de los países en lo que se refiere a los resultados de salud. En varios indicadores relacionados con las enfermedades no transmisibles (ENT), la incidencia de las enfermedades transmisibles, la violencia y los traumatismos, y la salud materna, se observó un progreso lento o un retroceso. En total, nueve indicadores (32%) alcanzaron sus metas (4) o estaban en curso de alcanzarlas (5), mientras que 16 (57%) estaban estancados (11) o estaban fuera de curso (5), y requerían una acción acelerada. No hubo datos suficientes en el caso de tres indicadores (11%) para hacer una evaluación sólida.
Seis años de conmociones y transiciones sucesivas, incluida la pandemia de COVID-19, afectaron el progreso hacia el logro de los resultados en materia de salud.
Esta situación refleja una combinación de un retraso en la recuperación de los servicios de salud tras la pandemia de COVID-19, una cobertura de ejecución insuficiente, disparidades persistentes y, en algunos casos, una integración débil en las plataformas de prestación de servicios.
El avance fue más sólido cuando las intervenciones se ampliaron a mayor escala sobre la base de sistemas de salud resilientes.
Se lograron avances sustanciales, evidenciados especialmente en aquellas áreas donde convergían múltiples condiciones favorables, como la implementación sostenida de intervenciones a gran escala por medio de la prestación sistemática de servicios, con el apoyo de enfoques bien definidos de cooperación técnica y sistemas de datos relativamente maduros y estables. Sin embargo, muchos indicadores a nivel del impacto siguieron enfrentando restricciones estructurales que limitaron el ritmo de avance hacia el logro de las metas del 2025.
Importantes logros en cuanto a las políticas se traducen en resultados a nivel del impacto.
La Región logró avances importantes en cuanto a las políticas, los marcos y los modelos de servicios, incluidas áreas como la infección por el VIH, la sífilis congénita, la prevención del suicidio y la atención a largo plazo. Estos avances contribuyeron a mejorar la cobertura de algunos servicios clave. Sin embargo, se necesita una implementación más eficaz, integrada y sostenida a gran escala para traducir estos avances de forma más sistemática en un impacto cuantificable a nivel poblacional.
Abordar las disparidades en la salud sigue siendo un desafío decisivo.
Incluso cuando las tendencias regionales parecen estar en consonancia con las metas, a menudo ocultan una variación sustancial entre los países. Un ejemplo de ello es la mortalidad neonatal: si bien el progreso regional avanzó en consonancia con las metas en términos generales, muchos países siguen por encima de los niveles deseados y las causas prevenibles siguen representando una gran proporción de las muertes.
La falta de sistemas adecuados de datos limita el seguimiento del progreso.
La realización de una evaluación regional sólida sigue viéndose condicionada por las limitaciones en los datos. Los indicadores que dependen de estimaciones de la mortalidad y encuestas poblacionales se ven especialmente afectados por retrasos y limitaciones metodológicas. Al mismo tiempo, las mejoras en los métodos de medición están sentando las bases para un seguimiento más sólido del impacto en el ciclo del PE26-31, lo que subraya la importancia de una inversión sostenida en los sistemas de información de salud, la comparabilidad de los datos y la capacidad analítica.