Este indicador mide los cambios en los niveles de violencia reciente infligida por el compañero íntimo a mujeres y niñas dentro del matrimonio o en relaciones similares al matrimonio. La violencia de pareja es la forma más común de violencia contra las mujeres y se estima que afecta a 1 de cada 4 mujeres de 15 a 49 años en algún momento de su vida. El indicador se limita a la violencia física o sexual debido a la falta de mediciones y definiciones de la violencia psicológica infligida por el compañero íntimo que permitan la comparación a nivel internacional.
Los datos relacionados con este indicador fueron proporcionados por 28 de los 35 países (80%) de la Región hasta el 2018, año en que la prevalencia se situaba entre el 3% y el 18%. Las estimaciones actualizadas publicadas a fines del 2025 abarcaban 29 países y territorios. Hubo un ligero aumento respecto del valor de la línea de base, del 7% al 7,3%, mientras que la meta era que no hubiera ningún aumento. Por lo tanto, no se alcanzó la meta porque hubo un aumento; sin embargo, el aumento de 3 puntos porcentuales se considera mínimo. En consecuencia, el indicador está en curso.
A pesar de ello, la falta de avances en la reducción de la prevalencia de la violencia de pareja está relacionada con la intersección de múltiples situaciones en la Región, como desastres naturales, desplazamiento y migración, cambio climático, disparidades crecientes y prioridades políticas divergentes, además de los efectos persistentes de la pandemia de COVID 19 en los sistemas de salud. La comparabilidad de los datos y la frecuencia de las encuestas siguen siendo limitaciones importantes.
En este contexto, la Estrategia y plan de acción sobre el fortalecimiento del sistema de salud para abordar la violencia contra la mujer 2015-2025 constituye una plataforma importante para que los países aceleren la adopción de medidas basadas en la evidencia a fin de prevenir la violencia contra mujeres y niñas y de responder a ella, fortalecer la colaboración entre países y fomentar el diálogo regional.
El grado de madurez de las políticas e intervenciones para prevenir la violencia contra las mujeres y las niñas varía de un país a otro. No obstante, se han logrado avances considerables en toda la Región: el 83% de los países tiene un plan multisectorial para abordar la violencia, el 69% incluye la violencia contra las mujeres como tema estratégico en sus políticas nacionales de salud y el 63% cuenta con un protocolo en el sistema de salud que guía la respuesta a las sobrevivientes de la violencia. Es necesario seguir trabajando en el marco del Plan Estratégico de la OPS 2026 2031 con el fin de poner en práctica estas políticas, en particular para fortalecer el acceso a los servicios de salud disponibles para las sobrevivientes y mejorar su calidad.
Abogar por la incorporación de la prevención y la respuesta frente a la violencia contra las mujeres en políticas, protocolos y presupuestos de salud.
Mejorar la capacitación de los trabajadores de salud, especialmente de quienes trabajan en los ámbitos de la atención primaria y de urgencia, para mejorar la detección temprana de la violencia y acelerar la prestación de apoyo de primera línea.
Fortalecer la calidad de la atención y el apoyo ofrecidos a las sobrevivientes de la violencia, y mejorar la coordinación de todos los servicios esenciales para proporcionar un apoyo completo e integrado a las sobrevivientes y su familia.
Fortalecer la colaboración multisectorial a nivel regional, nacional y local para prevenir todas las formas de violencia en consonancia con la base de evidencia, incluido el marco RESPETO.
Aumentar la disponibilidad de información para mejorar la comprensión y la conciencia de la magnitud y las consecuencias de la violencia, así como de estrategias de prevención eficaces; para empoderar a las mujeres y las niñas y para abordar las normas sociales que perpetúan la violencia en las relaciones, en colaboración con las comunidades.