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EOB 2024-2025
INDICADOR DE IMPACTO
Tasa de letalidad del dengue

Meta ASSA2030 10.10

Controlar la transmisión del dengue, el chikunguña, el zika y la fiebre amarilla con un enfoque integrado e intersectorial

Linea de base
2012-2018
0.056%
Meta
2025
0.050%
Estado
2023
0.049%
Clasificación
Alcanzado
Porcentaje de cambio anual requerido para alcanzar la meta
-0.24%
% de cambio anual registrado según los datos del último año disponibles
-0.44%

Este indicador mide el impacto del uso apropiado de la orientación clínica regional para reducir las muertes prevenibles por dengue en el contexto de la circulación simultánea de otros arbovirus. 

En el período abarcado por el Plan Estratégico, la Región de las Américas enfrentó una grave epidemia de dengue. No obstante, desde el 2016, la tasa de letalidad ha permanecido en la meta del 0,050% para el 2025 o se ha situado por debajo de ella en numerosas ocasiones, incluso en el 2025. En general, la tendencia regional de la letalidad del dengue ha sido descendente y se ha mantenido en el 0,05% o por debajo de este nivel. Por lo tanto, este indicador se ha alcanzado. Sin embargo, como es de suponer con una enfermedad epidemiógena como el dengue, la tasa de letalidad tiende a aumentar cuando se producen brotes a gran escala.

El descenso general refleja mejoras en el manejo clínico del dengue en todos los niveles de atención, desde la atención primaria de salud hasta la detección oportuna de la enfermedad y sus señales de advertencia para prevenir la progresión a formas graves, hasta los hospitales y servicios de cuidados intensivos. Durante epidemias a gran escala, la gran afluencia de pacientes suele recargar a los servicios de salud. Este es uno de los principales factores vinculados al aumento de las muertes relacionadas con el dengue en la Región, ya que el hacinamiento en los establecimientos de salud puede dar lugar a un seguimiento inadecuado de los pacientes.

Con el apoyo de la OPS, los países continúan fortaleciendo la capacidad técnica para el manejo clínico del dengue y otras enfermedades arbovirales. El conjunto de intervenciones disponibles a nivel regional incluye guías clínicas actualizadas, un programa de capacitación continua y el establecimiento de redes de expertos clínicos en enfermedades arbovirales a nivel regional y nacional. La Región cuenta ahora con directrices clínicas actualizadas, basadas en la evidencia, para el diagnóstico y el tratamiento del dengue, el chikunguña y el zika, así como directrices regionales para el manejo del dengue grave en unidades de cuidados intensivos. Estas directrices son las primeras de alcance mundial y fueron elaboradas en colaboración con la Federación Panamericana e Ibérica de Medicina Crítica y Terapia Intensiva.

Por medio del Campus Virtual de Salud Pública de la OPS, más de 798 000 profesionales de la salud han recibido capacitación en el manejo clínico del dengue desde septiembre del 2020. Además, 13 países han establecido redes nacionales de expertos clínicos en dengue y otras enfermedades arbovirales que, bajo la coordinación directa de las autoridades de salud nacionales, llevan a cabo programas de educación continua a nivel local. 

Todas estas actividades se llevan a cabo en el marco de la Estrategia de gestión integrada para la prevención y el control de las enfermedades arbovirales en las Américas (EGI-Arbovirus), que se actualizó en el 2025 y será presentada al 63.o Consejo Directivo.
 

Recomendaciones
  1. Mantener tasas bajas de letalidad mediante un manejo clínico reforzado, la detección clínica temprana del dengue y sus señales de advertencia, y un manejo adecuado de los casos graves de dengue, con el apoyo de conjuntos de medidas de atención clínica, directrices nacionales actualizadas, educación continua y redes de expertos. 

  2. Actualizar las directrices nacionales de preparación y respuesta para garantizar una respuesta rápida y oportuna a los brotes de dengue, incluida una mayor capacidad para afrontar un aumento repentino de la demanda.

  3. Ampliar el control integrado de vectores para reducir la transmisión, incluso con métodos innovadores de control combinados con la participación comunitaria y la gestión ambiental.

  4. Estandarizar y mejorar la calidad de los datos de vigilancia, a fin de garantizar la notificación y el análisis oportunos a nivel subnacional.

  5. Invertir en colaboración transfronteriza para anticiparse a las amenazas arbovirales emergentes y adaptar las estrategias de gestión de manera adecuada.