* Desde la última evaluación, realizada en 2024, se ha dispuesto de información actualizada que ha requerido un cambio en la línea de base y meta.
Este indicador mide el número de muertes por agua, saneamiento e higiene inadecuados que podrían prevenirse mediante la mejora de los servicios y las prácticas. En consecuencia, proporciona información importante sobre la carga de enfermedad relacionada con estos riesgos.
La tasa regional de mortalidad ha disminuido de forma constante en toda la Región de las Américas. La línea de base en el 2019 era de 2,7 muertes por 100 000 habitantes. La tasa bajó a 2,6 en el 2023 y se proyecta que disminuya a 2,4 para el 2025, con lo cual se acercará a la meta de 2,1. Por lo tanto, se considera que este indicador está en curso.
Las mejoras en el acceso a agua salubre y saneamiento, junto con la disminución de la defecación al aire libre, han impulsado la tendencia descendente, respaldada por infraestructura resiliente al clima e intervenciones comunitarias. Persisten algunas brechas, como infraestructura inadecuada en zonas rurales y periurbanas, vulnerabilidad ante desafíos medioambientales —entre ellos el cambio climático y fenómenos meteorológicos extremos— y datos limitados sobre prácticas de higiene.
En el período, más de 22 millones de personas obtuvieron acceso a agua salubre y servicios de saneamiento, y 1,37 millones ya no defecan al aire libre. Se han elaborado 35 planes de seguridad en materia de agua y saneamiento resilientes al clima, que benefician a 8 millones de personas, y se han integrado medidas de agua, saneamiento e higiene en los programas de eliminación de enfermedades tropicales desatendidas y planes comunitarios en Bolivia, Guatemala y Honduras. Será necesario mantener este progreso para alcanzar la meta en el futuro, ya que el seguimiento de este indicador continúa en el Plan Estratégico de la OPS 2026-2031.
Concentrar las intervenciones en países y zonas subnacionales que no hayan alcanzado la meta de mortalidad relacionada con el agua, el saneamiento y la higiene, y abordar las disparidades en entornos rurales y periurbanos.
Invertir en infraestructura de agua, saneamiento e higiene resiliente al clima y ampliar los planes comunitarios de seguridad en materia de agua y saneamiento, integrándolos con programas de salud y de eliminación de enfermedades tropicales desatendidas.
Fortalecer los sistemas de vigilancia y seguimiento para recopilar datos sobre la calidad del agua, el saneamiento y las prácticas de higiene, y vincular estos datos a indicadores de salud.