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EOB 2024-2025
INDICADOR DE IMPACTO
Esperanza de vida ajustada en función del estado de salud
Linea de base
2019
65.18*
Meta
2025
65.8
Estado
2023
64.49
Clasificación
Estancado
Porcentaje de cambio anual requerido para alcanzar la meta
0.17%
% de cambio anual registrado según los datos del último año disponibles
-0.27%

* Desde la última evaluación, realizada en 2024, se ha dispuesto de información actualizada que ha requerido un cambio en la línea de base.

La esperanza de vida ajustada en función del estado de salud (EVAS) estima el tiempo promedio en años que una persona (a una edad determinada) podría esperar vivir con buena salud (teniendo en cuenta los resultados mortales en materia de salud causados por la mortalidad prematura y los resultados no mortales causados por la discapacidad). Es una medición resumida de la salud de la población.

La tendencia regional muestra que ha habido una mejora gradual a largo plazo: el indicador pasó de 63,05 años en el año 2000 a 64,49 años en el 2023, lo que supone un incremento general de aproximadamente 1,43 años (2,27%) en ese período. Esto implica una trayectoria al alza lenta, aunque sostenida, con una marcada interrupción en los años 2020-2021, que coincide con la fase aguda de la pandemia de COVID-19 en la Región de las Américas. La EVAS disminuyó de 65,18 años en el 2019 a 62,38 años en el 2021, lo que corresponde a una reducción acumulada de aproximadamente 2,80 años (4,30%) que revirtió de hecho casi dos décadas de progreso y devolvió el promedio regional a niveles que no se habían observado desde principios de la década del 2000. El indicador se recuperó parcialmente en el 2022 y el 2023, a medida que comenzaron a disminuir los efectos inmediatos de la pandemia en la salud. Sin embargo, el nivel registrado en el 2023 se mantuvo 0,69 años (1,06%) por debajo del máximo prepandémico, que se registró en el 2019.

Según las proyecciones para el 2025, la EVAS en la Región subió a 64,61 años, cifra que está aproximadamente 1,23 años (1,87%) por debajo de la meta de 65,84 años para el 2025. La evidencia disponible indica que, a pesar de la recuperación posterior a la pandemia, el ritmo de mejora fue insuficiente para alcanzar la meta, por lo que este indicador se califica como estancado.

El análisis subregional revela que hay un gradiente claro y persistente de la EVAS en toda la Región de las Américas, y que la pandemia afectó a las subregiones en distintos grados. Antes de la pandemia, en el 2019, el valor más alto se observaba en la zona andina (66,48 años) y en América del Norte  (65,76 años), mientras que el valor más bajo se registraba en el Caribe latino (61,18 años), lo que representa una brecha de aproximadamente 5,3 años entre la subregión con el valor más alto y la del valor más bajo para este indicador.

El descenso observado en los años 2020-2021 fue generalizado, aunque desigual en cuanto a su magnitud. En la zona andina, el indicador registró una reducción de 3,25 años (4,9%) del 2019 al 2020, al pasar de 66,48 a 63,23 años, y en el 2023 se recuperó a 65,34 años. En América del Norte, disminuyó en 1,48 años (2,3%), al pasar de 65,76 a 64,28 años, y luego en el 2023 se recuperó a 64,91 años. En el Cono Sur, el descenso fue de 1,42 años (2,2%), puesto que pasó de 65,65 a 64,23 años, y en el 2023 se recuperó a 65,02 años. En Centroamérica, se redujo en 3,13 años (4,9%), al pasar de 64,00 a 60,87 años, y en el 2023 se recuperó a 63,71 años. En el Caribe no latino, disminuyó en 0,59 años (0,9%), al pasar de 63,42 a 62,83 años, y en el 2023 la recuperación lo llevó a 63,31 años. En el Caribe latino, se redujo en 0,74 años (1,2%), al pasar de 61,18 a 60,44 años, y en el 2023 se recuperó a 62,50 años.

Estos patrones indican que algunas subregiones con una EVAS relativamente alta antes de la pandemia, como la zona andina, registraron las mayores bajas absolutas, mientras que subregiones con valores menos elevados, como el Caribe latino y el Caribe no latino, registraron pérdidas absolutas menores, aunque continúan enfrentando la desventaja agravada de una línea de base persistentemente menor en este indicador. La brecha continua entre las subregiones pone de manifiesto las disparidades de larga data en cuanto a los determinantes sociales de la salud y las diferencias en la capacidad y resiliencia de los sistemas de salud.

Dado que este indicador seguirá siendo objeto de seguimiento en el marco del Plan Estratégico de la OPS 2026-2031, sigue siendo importante comprender las causas del desempeño más bajo más allá de aquellas específicas relacionadas con la pandemia. Es fundamental adoptar enfoques específicos adaptados a los contextos epidemiológicos, sociales y de los sistemas de salud.
 

Recomendaciones
  1. Adoptar medidas para acelerar la acción en toda la gama de factores complejos que influyen en la salud de la población y en la EVAS.

  2. Adoptar enfoques específicos para responder a contextos epidemiológicos, sociales y de los sistemas de salud propios de cada subregión. 

  3. Fortalecer los enfoques relacionados con la salud en todas las políticas mediante mecanismos institucionales y legislativos, con el apoyo de órganos de coordinación intersectorial que tengan la autoridad necesaria para tomar decisiones, a fin de que la salud pase a considerarse una responsabilidad común en todos los sectores del gobierno, en particular en los de planificación y finanzas. 

  4. Mejorar el desglose sistemático de los datos de salud para detectar mejor las desigualdades, brindar apoyo a intervenciones más específicas y fortalecer el seguimiento del impacto de las políticas en los diferentes grupos de la población. 

  5. Reforzar la atención primaria de salud por medio de procesos de reforma viables desde el punto de vista político y fiscal para fortalecer el financiamiento de la salud, la retención de la fuerza laboral y la protección financiera.