* Desde la última evaluación, realizada en 2024, se ha dispuesto de información actualizada que ha requerido un cambio en la línea de base y meta.
La violencia es un problema importante de salud pública debido a su profundo impacto en la salud y el bienestar. Entre todas las formas de violencia, el homicidio es la más devastadora, ya que causa la pérdida evitable de vidas. La población adolescente y los jóvenes se ven afectados de manera desproporcionada, y el homicidio sigue siendo una de las principales causas de muerte en este grupo etario en la Región de las Américas.
Entre el 2000 y el 2021, la tasa regional de mortalidad por homicidio en jóvenes de 15 a 24 años fluctuó, con un descenso general modesto de aproximadamente el 4,0%, de 34,6 muertes por 100 000 personas a 33,2 en este grupo etario. Desde el año de base del 2015, cuando la tasa era del 34,2%, la reducción anual fue de alrededor del 0,5% en promedio. El valor proyectado para el 2025 es de 33,0 muertes por 100 000 habitantes de 15 a 24 años. Esta cifra representa solo una ligera mejora respecto del 2021 y sigue estando un 2,4% por encima de la meta de 32,2 para el 2025. Por lo tanto, se considera que el progreso en este indicador se ha estancado.
El homicidio en jóvenes sigue siendo un importante problema de salud pública en la Región, impulsado principalmente por determinantes sociales y estructurales, más que por factores individuales o biomédicos. Los hombres jóvenes se ven afectados de forma desproporcionada, lo cual refleja normas sociales más generales y una mayor exposición a la violencia. Los análisis de datos sobre homicidios en América Latina y el Caribe parecen indicar que las tasas de homicidio en los adolescentes varones siguen siendo relativamente altas a pesar de que han disminuido un poco en los últimos años. Al mismo tiempo, las tasas de homicidios en las adolescentes mujeres han empeorado, ya que se duplicaron entre el 2021 y el 2022.
El homicidio es solo la punta del iceberg de la violencia en la Región de las Américas. La violencia interpersonal adopta muchas formas igualmente inaceptables, que a menudo se cruzan y se refuerzan mutuamente. La exposición a la violencia suele comenzar temprano en la vida. Reducir la probabilidad de que un niño o niña presencie actos violentos entre los progenitores disminuye la probabilidad de que esa persona perpetúe la violencia o la sufra más tarde en la vida. La exposición a la violencia familiar, el maltrato infantil, el acoso, la violencia en las relaciones amorosas y la violencia sexual presenta una relación con otras formas de violencia en la vida adulta. Este ciclo puede romperse.
En los enfoques multisectoriales orientados a la prevención, en consonancia con las directrices actuales, en particular el marco INSPIRE, se recomienda abordar los determinantes de la violencia, fomentar entornos protectores, invertir en educación, reducir las disparidades socioeconómicas y fortalecer las respuestas del sistema de salud, con la participación de progenitores, cuidadores, comunidades y jóvenes. Un componente central de la agenda de prevención consiste en abordar la normalización de la violencia y el cambio de las normas sociales para que se deje de aceptar la violencia en todas sus formas.
Abogar por la incorporación de la prevención y la respuesta frente a la violencia en políticas, protocolos y presupuestos de salud.
Fortalecer la respuesta del sistema de salud ante la violencia, con la detección temprana de los grupos en riesgo y la derivación a servicios de apoyo adecuados antes de que la violencia se intensifique.
Impulsar la inversión en políticas e intervenciones basadas en la evidencia, en consonancia con un enfoque de salud pública de prevención de la violencia, que incluyan las intervenciones descritas en el marco INSPIRE.
Mejorar la coordinación multisectorial a nivel regional, nacional y local, a fin de aunar la labor de todas las partes interesadas pertinentes, entre ellas el sector de la salud, para prevenir la violencia en todas sus formas.
Ampliar la base de evidencia sobre la escala, las consecuencias y los factores de riesgo de la violencia, así como los enfoques eficaces de prevención, y promover el uso de esta evidencia en la política y la práctica.